Otros bailes.

Por: Andrea Burgui Fernández.

Bedlah, el uniforme de la sensualidad

Sensualidad. Este es el concepto básico que marca el eje de la danza del vientre. Procedente de Oriente Medio, esta modalidad de baile cada vez cobra mayor protagonismo entre la población de Occidente, tanto masculina como femenina. Desde hace algunas décadas, la influencia de Hollywood, así como la atracción ante lo exótico, ha hecho que la persuasión del movimiento de caderas de las bailarinas haya potenciado el aprendizaje de la misma en los países más apartados de la cultura árabe. Lo que ha supuesto a su vez un incremento del mercado generado en torno a la misma.

El nombre de danza del vientre se empieza a utilizar en el siglo XIX por algunos viajeros europeos para designar los sensuales movimientos de vientre y cadera que no se usaban en danzas europeas. En los países árabes este baile se conoce como Raks Sharki, literalmente danza oriental, y emplea una vestimenta concreta con el fin de hacerlo más atractivo.

Un atuendo específico, por tanto, es clave para la consecución de la danza del vientre. Su importancia refiere básicamente a la relevancia de la estética en el baile, la sensualidad y las curvas de la mujer. Normalmente se asocia la vestimenta típica con el bedlah, en árabe, cuyo significado es “uniforme”. Esta denominación fue adoptada en Egipto en la década de 1930, desde donde se extendió a otros países de la zona. Hacía referencia a un conjunto de sujetador y cinturón inicialmente, que posteriormente incluirá todas las partes del traje de la bailarina, desde la falda o pantalón, hasta el velo y las joyas. Vaudeville, un subgénero dramático en el que se alternan números musicales, ayuda también a entender el significado y la importancia del bedlah, con sus diversas representaciones del harén. Sin embargo, el atuendo originario de las bailarinas consistía en una faja o cinturón ancho alrededor de la cintura y una tela muy sencilla a modo de falda, con los senos descubiertos. El significado de esta danza era la fertilidad de la mujer, de ahí que las bailarinas también se tatuaran imágenes de la diosa de la sexualidad, tanto en muslos como en brazos y dibujos con forma de pez en el vientre, que simbolizan la procreación, así como lunas crecientes como imagen de fertilidad.

Con el paso de los años y la extensión de la danza del vientre por todo el mundo, el atuendo básico mencionado ha ido evolucionando. La innovación es clave para los diseñadores de la ropa de baile. Diferentes diseños, formas variadas, innovación en los tejidos… todo tiene cabida para hacer cada movimiento más exótico y visual. Sin embargo, las piezas clave de dicha vestimenta siempre se mantienen, potenciando la sensualidad de las bailarinas.

En primer lugar un sujetador o top ajustado, adornado con flecos de pedrería o monedas, que dejan al descubierto el vientre de la mujer para hacer visibles las ondulaciones de cada movimiento.

Como elemento principal, tanto para quien observa la danza como para facilitar el movimiento de cadera de la bailarina, haciendo que esta perciba más cada desplazamiento, se encuentra el cinturón. El cinturón aparece como evolución de la faja mencionada anteriormente y puede presentar diversas formas, materiales y colores. Es la pieza estrella del baile ya que permite marcar con más intensidad cada golpe de cadera. De ahí que por lo general posea un peso considerable y resulte un tanto voluminoso. Las monedas o flecos con pedrería acentúan dichos movimientos al ritmo de la música. Dependiendo del gusto de cada bailarina pueden emplearse cinturones rectos, piramidales o triangulares. Cada uno genera una imagen diferente, más ligera o más pesada, con una actitud más sensual o resaltando los límites del golpe.

En conjunto con el cinturón, ya sea unido en una misma pieza o por separado, se emplean las faldas de gasa o seda o los pantalones con forma de bombacho. Las piezas de seda hacen una figura más estilizada y facilitan movimientos más ligeros a los ojos del público. En los últimos años la falda de sirena está teniendo una gran aceptación y se ha situado como recurso número uno para los espectáculos.

En lo referente al calzado, lo tradicional es practicar la danza del vientre descalza, permitiendo el contacto directo con el suelo. La conexión con la tierra lleva al plano más espiritual de este baile, haciendo a la bailarina enraizarse con la naturaleza. Pero en los últimos años, debido quizás a la estética en los espectáculos, las bailarinas de danza del vientre han comenzado a utilizar zapatos con altos tacones.

Cabe destacar en este sentido la diferencia entre el atuendo empleado habitualmente para el espectáculo y la ropa utilizada para los ensayos y el aprendizaje. En el primer caso la estética es esencial. El colorido, los elementos voluminosos y la sensación de sensualidad para el público constituyen un parte importante que se equipara casi con el nivel de movimientos. En el segundo caso, por su parte, es preciso sentirse cómodo y poder encontrarse a gusto con uno mismo en cada paso y cada ondulación, aunque siempre teniendo presente el atractivo y la sensualidad propios del baile. En ambos casos el cinturón es esencial para marcar el baile.

El velo es uno de los elementos que se ha potenciado en la danza del vientre a raíz de la influencia de las películas de Hollywood y los videoclips musicales de artistas como Shakira, que están contribuyendo a una expansión masiva de dicho baile. Originariamente no formaba parte del atuendo básico de las bailarinas, pero con la creciente aceptación de la danza se ha ido

introduciendo en los espectáculos por su capacidad para mostrar una sensualidad prohibida que poco a poco se va destapando. Se emplea como fantasía para dar un mayor colorido y dinamismo a la puesta en escena.

Las bailarinas árabes utilizan el velo únicamente al inicio de las representaciones, mientras que en Occidente es común mantenerlo a

lo largo de todo el baile. Cabe la posibilidad de introducir otro tipo de elementos que enriquezcan el espectáculo como velas, sables, crótalos, etc. Lo que demuestra que la danza del vientre evoluciona desde las dos piezas tradicionales a una infinidad de artilugios y complementos para cada espectáculo.

Marcar bien el ritmo con los pies, usar los brazos y potenciar cada ondulación de la cadera es esencial para que la danza del vientre resulte atractiva, pero un bedlah adecuado supone llevar el espectáculo a un nivel de sensualidad máximo, clave en el origen del Raks Sharki.

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