La danza del amor
Imagina una fiesta popular en Cuba. Un hombre y una mujer cantan y bailan al son de un divertido ritmo. Ambos están compenetrados, pero no agarrados. Una atracción sensual domina los movimientos. Se trata de una danza urbana. La rumba. Su origen se detecta en los ritmos de los esclavos africanos y el flamenco. Pero, antes de seguir, ¿por qué no bailar un poco?
Para disfrutar con una buena rumba cubana, hay que ponerse unos tacones. Damos tres pasos laterales al son de la música y una pausa marcada con el tacón. Es muy sencillo. La auténtica rumba cubana, también llamada ‘danza del amor’, no es un baile de salón. Las clases altas consideraban obscenos estos movimientos. Así pues, surgió una nueva rumba; más elegante, más lenta, más romántica. Muy del gusto de los europeos. El yambú, la columbia y el guaguancó son tres escisiones de la rumba. Cada una de ellas presenta sus características propias, pero todas tienen en común la pasión y la sensualidad:

Columbia
La rumba columbia es el estilo más antiguo y su origen es rural. Curiosamente, este estilo ha generado gran expectación en el mundo del baile, así como críticas del mundo femenino. Se trata de una danza arriesgada para las mujeres, según dicen, por lo que son los varones los protagonistas. El peligro reside en el uso de cuchillos por parte de los bailares tanto en los pies como en las manos. El gusto de esta práctica consiste en la exaltación de la virilidad del hombre. El ritmo que siguen se compone de multitud de vocablos africanos al son de instrumentos rudimentarios, tales como cucharas, cajones de madera o tablas. El bailarín cubano más conocido fue José Rosario Oviedo, Malanga, que acostumbraba a bailar con un vaso de ron sobre la cabeza.
Yambú
El yambú nace en los barrios más humildes de Cuba. Es una de las variantes de la rumba más divertidas. Él contonea su cuerpo con sensualidad y ligeros movimientos de hombros ante su compañera. Ella percibe sus intenciones y se escapa con signos de coqueteo mientras agarra su falda. El juego de miradas forma parte del baile. Los instrumentos utilizados son los mismos que usa la columbia. La pareja se desplaza dentro del círculo que han formado los espectadores que los observan. Él no la agarra, sino que se mantienen a una distancia de un metro. Cuando concluye el baile, el hombre cede al próximo bailarín su papel de seductor.
Guaguancó
La evolución del yambú ha dado lugar al guaguancó. También de carácter urbano. Las bases son similares a las de su predecesor, pero el guaguancó concluye con la posesión de la mujer. Mientras ella escapa haciendo círculos alrededor de su compañero, éste aprovecha un descuido para ‘vacunar’. A través de un erótico movimiento pélvico y de caderas, el hombre se apodera de su pareja. Este ritmo incluye tambores de duelas de diversos tamaños, aunque no entierra el uso de un pequeño cajón de madera.
