Por: Joan de Santiago Bayona
La película El Cantante es un retrato sobre Nilda Román (Jennifer López), alias “puchi”, una abnegada mujer que descubre a un talentoso joven llamado Héctor Pérez (Marc Anthony) y lo ayuda en su asalto al estrellato. Este aspecto es bastante notable en la película, pues Román apoya a su pupilo en muchos momentos del filme: lo impulsa a la fama, se queda con él cuando todos le dan la espalda, le controla su adicción a las drogas… Aquí encuentro el primer fallo, a cargo del guionista: Román casi no deja hablar a Pérez y se pasa casi toda la película hablando de sus penas y sufrimientos. En este sentido, la película no se centra en el cantante, sino que lo relega a un segundo plano, superado por el personaje de Jennifer López. En realidad, el título del filme es engañoso por esta causa. Por cierto, para los que no lo sepan, Héctor Pérez es en realidad Héctor Lavoe, pero por causas -supongo- de licencia no le pusieron el nombre correctamente.
León Ichaso, el director, del que un servidor ha podido ver Piñero (2001), en la que ya había mostrado su vena biográfica, realiza un trabajo correcto, ni sobresaliente ni malo. Piñero trataba sobre el dramaturgo y poeta Miguel Piñeiro, icono de la comunidad puertorriqueña neoyorquina, víctima de los excesos de la drogadicción, quien muere pese a los esfuerzos de su amada y con una difícil relación con su madre. En esta oportunidad, el director relata la vida de El Cantante de cantantes, icono de la comunidad puertorriqueña neoyorquina, víctima de los excesos de la drogadicción, quien muere pese a los esfuerzos de su amada y con una difícil relación con su padre. Pasando por alto esta preocupante tendencia a la repetición, pocas cosas quedan por mencionar.
En lo que se refiere a la estructura narrativa, esta cinta tiene la clásica estructura de biografía de un artista: inicio en la miseria, encuentro con la que será el amor de su vida, ascenso meteórico, punto cumbre en la mitad que incluye el título, descenso a los infiernos por medio del vicio y las peleas conyugales, decadencia, muerte e imagen final real del homenajeado.
En relación al fallo que he nombrado anteriormente (centrándose en la figura de Nilda Román apartando la de Pérez) la cinta la absorbe en su totalidad la presencia del personaje de Jennifer López, desde el cartel hasta la narración. De hecho, estoy seguro que cuatro de cada cinco escenas demuestran esto que digo, y creo que es lo que lleva al fracaso a la película, cuyo principal atractivo es conocer la obra de un artista con una vida tan interesante como trágica, Héctor Lavoe.
Caóticamente iluminada y editada, El Cantante tiene otro fallo: posee la estética de un video clip, técnica que se maneja con mucho acierto en las cinco o seis escenas musicales, pero que en las restantes casi dos horas más bien cansa, confundiendo un relato que deja más dudas que buenas sensaciones. Por otra parte, es de buen recibo la inclusión de la letra en inglés en medio de las tomas (olvidando que tiene un marcado tono de empatía con el público angloparlante). En este sentido, la película también tiene cosas buenas. La mejor escena es aquella en la que un jovencísimo Rubén Blades empieza con una solitaria guitarra la canción que da título a la película. La letra de la misma aparece encima de las imágenes del intérprete de turno, Blades primero y Lavoe después, y termina en un gran concierto que, por única vez en la película, muestra el grueso real de la historia de Lavoe, un héroe atormentado, adorado por su público y odiado por sí mismo, con tanto talento como pájaros en la cabeza. Una tristeza que este desarrollo no permaneciera a lo largo de la película, la cual funcionaría mejor como cortometraje.
En lo que se refiere al apartado interpretativo, Marc Anthony, aunque sea un buen cantante, realiza una pálida interpretación de Héctor Lavoe, no nos ofrece sentimientos claros ni expresiones que denoten algún tipo de ánimo por parte del cantante, que en definitiva, queda mal retratado al someterse a la insípida careta de Anthony. Abarcando toda la atención (y el tiempo de metraje) su esposa Jennifer López no se le queda atrás: es una buena intérprete musical, pero en su vertiente cinematográfica es a mi juicio una sobrevalorada actriz sobre la que reposa el poco peso de la trama, y ni así puede cargarlo. Se ve sobreactuando en cada escena del filme, y su papel no convence ni de buen grado. Además, la película fue pensada en el público de Nueva York antes que en la comunidad latina. Corta en cuanto a lo que podría haber contado, El Cantante es una película a la que el tiempo le dará su merecido lugar en el olvido. Por aburrida, por insípida, por típica y por decepcionante en la mayoría de los sentidos (en este apartado excluyo, por supuesto, la genial música, aunque supongo que era evidente el hecho de que sería lo mejor del filme desde un principio). A los amantes de la música les gustará, aunque les dejará un sabor agridulce por el poco jugo que se le saca a un artista tan especial como Héctor Lavoe.