Por: Carla Alessandra Imbérgamo
Una puerta abierta de par en par a viajeros de todas las latitudes
El callejón de Hammel es una zona habanera ubicada en el barrio de Cayo Hueso, en el municipio de Centro Habana. Es una singular callecita que consta de 200 metros y tiene murales pintados que alcanzan unos cien metros. Estos murales muestran un viaje a una parte de la cultura del país, Cuba, que es la región africana. El pintor principal es Salvador González.
El callejón se considera un templo de los dioses negros que reverencian vecinos y turistas en respeto a una cultura que supo trascender en el tiempo a pesar de ser la religión de los esclavos traídos cruelmente a América para enriquecer a diferentes metrópolis. En él se aprecia la diversidad de religiones llegadas a Cuba desde distintos puntos de África. Todas tienen sus deidades, orishas, nkisi (espíritus), a quienes venerar y rendir tributo. Uno de los cultos que puede apreciarse es el Ifá de Nigeria, caracterizado por colores muy intensos, recordando así un continente lleno de virilidad y energía. Otro es Chando, el rey de la guerra y del trueno en la religión yoruba.
El espacio está cubierto, en definitiva, por dioses, orishas, nikisi, gigantescas aves en vuelo, iremes o diablitos respaldados por explicativas y sentenciosas inscripciones que alertan sobre la vida, el peligro y la muerte como elementos complementarios para la comprensión del mensaje. Su creador explica: “La obra responde a códigos de muy fácil comprensión y su mensaje está presente en la variedad de temas, trazos, y en los propios colores utilizados, siempre desarrollados a partir de valores auténticamente africanos”. Salvador González concreta ese propósito de salvaguardar los valores, tanto éticos como filosóficos y científicos de esa “cultura ancestral”. El Callejón de Hammel es un santuario vivo de prácticas, fiestas, música, poesía y recibimientos. El artista recalca que su mural tiene el objetivo de subrayar que la cultura africana se mantiene viva y de expresar su respeto a todos sus valores.
La obra del callejón es una ofrenda social a la comunidad, una obra de participación. Grupos de danza y músicos, entre ellos afamados percusionistas, cantantes y actores, poetas y escritores, ofrecen allí su arte todos los domingos.
En un pequeño establecimiento ubicado en la entrada del callejón se venden hierbas que, según cuentan, portan espíritus del bien y ahuyentadores de todo espíritu malo que vague por el mundo.
En cualquier lugar o rincón del planeta existen sitios pequeños, únicos, que poseen un particular encanto y que pasan a ser signos de identidad imprescindibles. Éste es el caso del Callejón de Hammel para La Habana.
